Kidnelis: la lectoescritura también puede ser un juego

Kidenlis_Con los Nanos

¿Os acordáis de cuando aprendisteis a leer y a escribir? Yo no. Mis recuerdos empiezan a ser consistentes a partir de los siete años, ya en el Max Aub y con Montse, Silvia o Tania como compañeras de aula. Antes de eso, pequeños retazos: globos de agua en el patio del colegio, juegos alrededor del edificio de infantil, casas pintadas en tiza y bocadillos hechos por mi abuela. Poco más. Mi madre me cuenta que aprendí a leer con seis años y que, desde entonces, no paré. Ahora, cuando veo a Daniel apretando puños y ojos e intentando descifrar qué se esconde detrás de las letras, me preguntó cómo lo haría, cómo conseguiría convertir esas lineas rectas y curvas en palabras con sentido. Fácil no parece. Y en según qué momentos, divertido, tampoco. Perfilar una “a” dibujada con puntos, escribirla, pintarla, recortarla. Hacerlo un día y otro y otro hasta que, por fin, esa esa vocal deja de ser una desconocida y pasas a otra y a otra y a otra. Sigue leyendo

Terrassa Pop: concierto, tapa, cerveza y niños

Terrassa Pop_conlosnanos

Me entero del próximo Terrassa Pop una semana después de saber que uno de los artífices de este ciclo de conciertos, Guillermo Arazo, ya no forma parte del equipo de La Rambleta. Me entristece. Sin duda, esta iniciativa, como otras tantas que han sacado a Valencia del letargo cultural en el que estaba inmersa, no hubiesen sido posibles si él, como director de Programación y Comunicación de esta entidad, no las hubiese concebido. Sigue leyendo

Nomadic State of Mind: sandalias ecológicas y con diseño

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Recuerdo haber visto estas sandalias por primera vez en Barcelona. Las llevaba puestas una chica extranjera, una de tantas turistas que visita la ciudad Condal en verano y que se pasa horas y horas en la playa de la Barceloneta esperando a que su color de piel adquiera la tonalidad dorada de un nativo. También recuerdo que, un poco por vergüenza y un poco por falta de tiempo, me quedé con las ganas de preguntarle dónde las había comprado. Simplemente continué mi camino por el paseo marítimo hasta llegar a la playa de la Mar Bella, donde había quedado con unos amigos.

Pasaron los años y los veranos y yo, obviamente, me olvidé de la existencia de esas sandalias que tanto me habían gustado. Hasta que hace unos días una amiga, Ainhoa, publicó un enlace de Nomadic State of Mind en Facebook. Sigue leyendo